El regreso del hombre de sal. Introducción

Este texto ha sido extraído del libro El regreso del hombre de sal, el verdadero alcance del arte de nutrirse, del Dr. Martín Macedo. [1]

Durante miles de años, los hombres de sal gobernaron el mundo. Con el advenimiento de la civilización moderna los hombres de sal comenzaron a disminuir hasta casi desaparecer en la actualidad. En su lugar surgió el hombre civilizado, altamente refinado y educado: el hombre de azúcar o sweet man.

Los sweet men crearon un nuevo orden mundial. Crearon una magnífica civilización altamente refinada y analítica. Actualmente los sweet men controlan el mundo. Los encontramos gobernando naciones, liderando las grandes religiones, como rectores de reconocidas universidades y encabezando la medicina y el mundo científico.

El regreso del hombre de sal

Casi no quedan hombres de sal. Tal vez hay algunos en remotas tribus africanas o en diminutas aldeas perdidas en las grandes montañas. pertenecen a otro tiempo. Si por casualidad encontramos uno de estos magníficos hombres o mujeres, su sola presencia nos inspira un poderoso respeto. Son admirables. Son seres majestuosos de una solidez absoluta. No les interesa destacarse ni llamar la atención. Son conscientes de su valor y grandea y saben que, tarde o temprano, grandes masas humanas acudirán a ellos en busca de orientación. Saben esperar. No tienen apuro porque son eternos. Poseen un poder silencioso como el agua oceánica. No creen en la competencia. Para ellos competir es absurdo, porque son invencibles. Pero se esfuerzan en estar a la altura de su grandeza. No se corrompen ni renuncian a sus principios. Se ocupan de preservar la vida. Saben que la mayor ganancia es la vida en su máxima dimensión.

Hasta hace unos 500 años había muchos hombres de sal. Eran grandes hombres y mujeres. Tenían un profundo sentido del honor y tenían palabra. Cuando un hombre de sal hacía una promesa, prefería morir antes que falta a su palabra.

El hombre antiguo y el hombre moderno: el hombre de sal y el sweet man. Los tiempos han cambiado. Los sweet men tienen muchos problemas. El mundo es ahora mucho más complicado. El hombre de sal es ahora, más necesario que nunca.

El regreso del hombre de sal

Ahora es la era dorada de los sweet men. Son muy refinados y educados, pero en general adolecen de una cierta fragilidad física. Tienden al sobrepeso y son muy temerosos. En general se los ve cansados porque se esfuerzan mucho. No descansan bien durante las noche, ya que con frecuencia tienen pesadillas. Le temen al frío, al stress, a los gérmenes y al cáncer. Tanto es su temor a los microbios que entre ellos surgión un tipo particular llamado hombre farmacia. Como los sistemas inmunes de los sweet man son tan frágiles, los microorganismos están en su mejor época. Por otra parte la sangre azucarada crea condiciones óptimas para su proliferación. Por ello el hombre farmacia trabaja intensamente en una guerra eterna contra los microbios. El sweet men lucha angustiosamente contra otras amenazas. Por eso no es feliz. Cree firmemente que la vida es una guerra sin fin. Por ello no tiene paz. Lucha contra el cáncer, contra el sida, contra la pobreza, contra la inflacion, contra la violencia, contra las drogas. A pesar de extenuantes esfuerzos sus victorias son efímeras y los resultados desalentadores. Los sweet men no dan más. Están agotados de tanto trabajar por problemas que ellos mismos han creado.

Mientras tanto los hombres de sal esperan impasibles, en las lejanas montañas el momento de entrar en acción. Saben que no deben imponerse, sino esperar a que los sweet men acudan a ellos en busca de consejo. Últimamente algunas decenas de personas acudieron a ellos en busca de orientación. Ellos tienen las claves para la convivencia saludable de los seres humanos. Como llevan en su sangre la fuerza sagrada de los mares poseen la sabiduría de todas las eras. El mismo mar que golpea los acantilados lo hizo hace 100 millones de años. El mismo fluido ha permanecido inalterado. Y los hombres de sal llevan esa fuerza de los mares en su sangre, porque su sangre es un poco salada. El sweet men le teme a la sal. Cree que si la toma morirá casi instantáneamente. Se conforma con unos cristales blancos de aspecto parecido a la sal, pero de un sabor extremadamente dulce. Y se ha vuelto adicto a tal punto que endulza su primera comida, apenas despierta cada mañana. Su insuficiencia nutricional lo lleva a buscar desesperadamente fuentes ricas en proteínas o bien toma suplementos vitamínicos artificiales. Surge así el hombre hamburguer y el hombre suplemento que lleva siempre en su bolsillo píldoras de vistosos colores.

El regreso del hombre de sal

Esta forma artificial de nutrirse lo vuelve inestable emocionalmente lo que frecuentemente determina que el sweet man deba tomar tranquilizantes para poder sobrevivir.

Mientras tanto el agua oceánica sigue golpenado los acantilados, sin prisa, sin angustia, conciente de su grandeza y de su misión de preservar la vida en su más alta expresión.

El hombre de sal continúa trabajando confiadamente feliz sabiendo que pronto tendrá grandes responsabilidades cuando tenga que bajar de las montañas y acudir en ayuda del sweet man. Algunas personas llaman macrobióticos a los hombres de sal. Este libro trata sobre la macrobiótica, una forma de vivir que busca rescatar las prácticas ancestrales de los hombres de sal. Tal vez algunos sweet men deseen convertirse en hombres de sal. Es bastante difícil pero es posible. Este libro le dirá cómo hacerlo.

El regreso del hombre de sal[1] Martín Macedo nación en Montevideo en 1964. A los 16 años se vincula con la Asociación Macrobiótica del Uruguay, que en 1981 estaba pasando por su mejor momento histórico. Muchas personas lograron curaciones impactantes y otros practicantes saludables habían logrado altos niveles de bienestar que impactaron profundamente en sus espíritus. Fue un verdadero “boom” macrobiótico. Pero los detractores no faltaron. Muchas personas sentían un profundo rechazo por esta tendencia filosfófica teñida de elementos de la cultura japonesa. Sobre todo los sectores más conservadores de aquel momento. Martín, uno de los más jóvenes miembros tuvo que sufrir la incomprensión de sus familiares y amigos que veían a la macrobiótica como algo “raro”. Sin embargo, estas adversidades fotalecieron su determinación. Decidió ser médico para demostrar que esta ciencia de la nutrición era una verdadera maravilla. Durante sus años de formación universitaria tuvo que ocultar su espíritu macrobiótico y aceptar dócilmente los criterios del establishment médico. No fue fácil, pero con paciencia y voluntad logró acceder a la graduación en 1999.

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